Biografía de Anton Chéjov

La ciudad rusa de Taganrog

Nacido en 1860, Antón Chéjov creció en la ciudad rusa de Taganrog. Pasó gran parte de su infancia sentado tranquilamente en la incipiente tienda de comestibles de su padre. Observaba a los clientes y escuchaba sus chismes, sus esperanzas y sus quejas. Desde muy temprano, aprendió a observar la vida cotidiana de los humanos. Su habilidad para escuchar se convertiría en una de sus más valiosas habilidades como narrador.

Una familia empobrecida

La juventud de Chejov. Su padre, Paul Chekhov, creció en una familia empobrecida. El abuelo de Antón era en realidad un siervo en la Rusia zarista, pero a través del trabajo duro y la frugalidad, compró la libertad de su familia. El padre del joven Antón se convirtió en un comerciante autónomo, pero el negocio nunca prosperó y finalmente se vino abajo. Los problemas monetarios dominaron la infancia de Chejov. Como resultado, los conflictos financieros son prominentes en sus obras de teatro y ficción.

A pesar de las dificultades económicas, Chejov era un estudiante talentoso. En 1879, dejó Taganrog para asistir a la escuela de medicina en Moscú. En ese momento, sintió la presión de ser el cabeza de familia. Su padre ya no se ganaba la vida. Chejov necesitaba una forma de ganar dinero sin abandonar la escuela. Escribir historias proporcionaba una solución.

Historias humorísticas para periódicos

Empezó a escribir historias humorísticas para periódicos y revistas locales. Al principio las historias pagaban muy poco. Sin embargo, Chejov fue un rápido y prolífico humorista. Cuando estaba en el cuarto año de la escuela de medicina, llamó la atención de varios editores. Para 1883, sus historias le estaban haciendo ganar no sólo dinero sino también notoriedad. El propósito literario de Chejov.

Una religión o afiliación política

Como escritor, Chejov no se suscribió a una religión o afiliación política en particular. Quería satirizar, no predicar. En ese momento, los artistas y académicos debatieron el propósito de la literatura. Algunos consideraban que la literatura debía ofrecer «instrucciones de vida». Otros creían que el arte debía existir simplemente para complacer. En su mayoría, Chejov estaba de acuerdo con este último punto de vista.

Su afición al diálog

Chejov el dramaturgo. Debido a su afición al diálogo, Chejov se sintió atraído por el teatro. Sus primeras obras, como Ivanov y El demonio de madera, lo desconcertaron artísticamente. En 1895 comenzó a trabajar en un proyecto teatral bastante original: La Gaviota. Era una obra que desafiaba muchos de los elementos tradicionales de las producciones escénicas comunes. Carecía de argumento y se centraba en muchos personajes interesantes pero emocionalmente estáticos.

Los innovadores directores Konstantin Stanislavski

En 1896 La Gaviota recibió una respuesta desastrosa en la noche del estreno. El público abucheó durante el primer acto. Afortunadamente, los innovadores directores Konstantin Stanislavski y Vladimir Nemirovich-Danechenko creyeron en la obra de Chejov. Su nuevo enfoque del drama revitalizó a las audiencias. El Teatro de Arte de Moscú volvió a representar La Gaviota y creó un triunfante espectáculo para el público.

El narrador ruso

Poco después, el Teatro de Arte de Moscú, dirigido por Stanislavski y Nemirovich-Danechenko, produjo el resto de las obras maestras de Chejov: Tío Vania (1899) Las Tres Hermanas (1900) El huerto de los cerezos (1904). La vida amorosa de Chejov. El narrador ruso jugaba con temas de romance y matrimonio, pero durante la mayor parte de su vida no tomó el amor en serio. Tuvo aventuras ocasionales, pero no se enamoró hasta que conoció a Olga Knipper, una prometedora actriz rusa. Se casaron muy discretamente en 1901.

Los sutiles significados de las obras

Olga no sólo protagonizó las obras de Chéjov, sino que también las entendió profundamente. Más que nadie en el círculo de Chejov, ella interpretaba los sutiles significados de las obras. Por ejemplo, Stanislavski pensaba que El jardín de los cerezos era una «tragedia de la vida rusa». Olga, en cambio, sabía que Chejov quería que fuera una «comedia gay», una que casi tocaba la farsa.

Los últimos días de Chejov

Olga y Chéjov eran almas gemelas, aunque no pasaban mucho tiempo juntos. Sus cartas indican que eran muy cariñosos el uno con el otro. Lamentablemente, su matrimonio no duraría mucho tiempo, debido a la mala salud de Chejov. Los últimos días de Chejov. A la edad de 24 años, Chekhov comenzó a mostrar signos de tuberculosis. Trató de ignorar esta condición; sin embargo, a los 30 años su salud se había deteriorado más allá de la negación.

Cuando se inauguró el Huerto de los Cerezos en 1904, la tuberculosis había hecho estragos en sus pulmones. Su cuerpo estaba visiblemente debilitado. La mayoría de sus amigos y familiares sabían que el fin estaba cerca. La noche de apertura de El Huerto de los Cerezos se convirtió en un homenaje lleno de discursos y agradecimientos de corazón. Era su forma de decir adiós al mayor dramaturgo de Rusia.

El médico

El 14 de julio de 1904, Chejov se quedó despierto hasta tarde trabajando en otra historia corta. Después de irse a la cama, se despertó de repente y llamó a un médico. El médico no pudo hacer nada por él salvo ofrecer una copa de champán. Según se dice, sus últimas palabras fueron: «Hace mucho tiempo que no bebo champán». Luego, después de beber la bebida, murió. El legado de Chejov. Durante y después de su vida, Antón Chejov fue adorado en toda Rusia.

Los escritores locales

Además de sus amadas historias y obras de teatro, también es recordado como humanitario y filántropo. Mientras vivía en el campo, a menudo atendía las necesidades médicas de los campesinos locales. Además, era famoso por patrocinar a los escritores locales y a los estudiantes de medicina. Su trabajo literario ha sido acogido en todo el mundo. Mientras que muchos dramaturgos crean intensos escenarios de vida o muerte, las obras de Chejov ofrecen conversaciones cotidianas. Los lectores aprecian su extraordinaria perspicacia en la vida de lo ordinario.

 

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